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Reseña por Valeria Sardi.

28 de Noviembre de 2017

Por Agustina Ortiz
El 20 de enero de 2016 se presentó el libro en Café L´Amar, ciudad de Munich, Alemania.
Luna de papel de Agustina Ortiz, editado por Ediciones La Yunta –pequeña editorial independiente argentina gestionada por tres escritores-, es un libro que me permitió entrar nuevamente –luego de la lectura de su libro de poesía anterior El eco de las sombras (México, 2012)- a su poética, a su modo de pensar el lugar de la escritura y cómo la poesía puede dar cuenta de la existencia y la experiencia de una mujer, de muchas mujeres, como las que pueblan este libro. Mujeres que me traen ecos de aquellas que están presentes en los libros de nuestras poetas favoritas, como Alejandra Pizarnik, la gran Ana Ajmátova, la sufrida Marina Tsvetáieva, por nombrar algunas. Poetas que escribieron desde la desesperación, la pulsión, el desarraigo y la soledad.

En Luna de papel se respiran esos ecos, como lectoras y lectores, nos sumergimos en una escritura que nos convoca al dolor y a la necesidad de dar cuenta de él, a la angustia y al desamparo, a la incomprensión y, también, por qué no, a ciertos atisbos de felicidad. La escritura, además, es en Luna de papel  la posibilidad de decir los secretos. Como dice Agustina Ortiz: “los secretos, esos interrogantes de familia como tapones negros de arena, arrinconados dentro de los siglos, me carcomieron la luz del pelo, el esmalte de los dientes y de las zapatillas verdes de charol”; o, más adelante, “mudez de los labios ancestrales”.La escritura es la posibilidad de conjurar los miedos, de hacer hablar a los secretos, de escribir la experiencia como forma de procesar el dolor y  como modo de construir, como dice Agustina Ortiz en Luna de papel, “memoria que comparto con otros/que salen a recorrer laberintos de palabras”. 

Las palabras, la letra, la escritura estallan, pierden sentido o se resemantizan en el decir, así Agustina Ortiz enLuna de papel  escribe “arden las palabras por donde arrastro una maleta negra” o “la muerte desmenuza los nombres” o “del aliento salen/los códigos borrosos/ la sospecha de las lenguas”.  El lenguaje, la posibilidad o necesidad de decir, en este libro, se construye también en dos lenguas, la de acá y la de allá, la propia y la ajena, en un mestizaje lingüístico que es otra de las formas de la palabra.

Luna de papel es también el cuerpo, los cuerpos, hechos escritura. El cuerpo como materialidad, con sus humores y sustancias humanas, como experiencia sexual donde una mujer tiene orgasmos y habita su sexualidad libre: “cuerpos/ tallados/ lamidos/ mordidos/ chupados/ en la embriaguez caníbal/ de todos mis hombres y de todas yo”. Como identidad en tanto “cuerpo mestizo” o “multitud de rostros/ habita mi cuerpo transparente” que deja marcas en esa mujer atravesada por las fronteras de su vida nómada. El cuerpo es también en Luna de papel objeto de violencias, puede estar marcado por el golpe o la indiferencia, es la superficie donde otros dominan y mandan desde una matriz androcéntrica y un orden simbólico machista: “En una confesión de sobremesa, sin dogma, entendí por qué el temor a los hombres y la reclusión de las mujeres en los patios de mis casas y mi rebeldía que empezó como un punto de lluvia y terminó en culebras de agua, revoloteando dentro de la fiesta con lobos”. O, en otra poesía, las mujeres “somos/ astillas de huesos/ vaginas rotas”.
El cuerpo es también lo que otros miran o ven en él y en la mujer. Es apariencia y experiencia, fiesta y desgracia, libertad y dominación: “sus ojos enredados en sus cuerpos”, “una cárcel del tamaño de mi cuerpo”.

Luna de papel nos sumerge en una vida, unas vidas atravesadas por el viaje y las distancias, el estar entre mundos, entre espacios geográficos liminares, fronterizos, ajenos, extraños. EE.UU, México y Alemania como tres topónimos que se construyen en palabras, sitios geográficos, nombres de un río o experiencias situadas a partir de marcas culturales. El nomadismo, el exilio y el desarraigo –como en El eco de las sombras- están presentes y se hace carne en Luna de papel. Cada lugar es también unos olores, unos paisajes, ciertos nombres y ciertas personas. Cada lugar es la muerte, la alegría o la soledad. Son las abuelas, la madre, un amante o un amor abandonado. La llorona, Frank Romero, Ernst Ludwig Kirchner, Venice Beach o el río Isar.

Luna de papel es un libro que lleva a un universo conocido por mí, el de aquellas mujeres poetas que decidimos hacer de nuestra literatura la experiencia de la soledad, ese habitar entre murmullos con nuestra desesperación y hacer de escribir un grito o conjuro para, a pesar de todo, elegir la vida, la escritura y la literatura.
                                                                                               Valeria Sardi