Volver

Reseña por Laura Estrín

28 de Noviembre de 2017

Por Daniel Riquelme
Cabeza de niño.

Dice Riquelme que es de Avellaneda, así firma el libro además, pero es de tierra adentro: Uno es de los tonos, alturas, modos y registros con que escribe. Él es un poco gaucho en las costuras, como su libro anterior. Un baqueano pescador. Los hay de minerales vidas, los de vidas de libros y los merodeadores de pantanos. Riquelme anda por ahí, llevando su vida a cuestas por ahí, llevando a sus "niños dedicados ahí". Yo leo todo igual, desde su dedicatoria.

Su tonada campera va de los nombres con que principia el canto:
"Echeandia y Murguiondo". Los nombres dan lugar a diminutivos, y de ahí a los sustantivos de los barrios "sin vereda de enfrente": zanjón, perros que olisquean y persiguen. Voces y familia, voces de familia (?), se escribe para tener una alguna vez...

Palabras de zona, futbol, el país, internados, chuscos, piedras, "casa con antena": el pobrerío o la pobreza, para no poetizar la poesía.
El libro. Tiene frases y comienzos sin mayúsculas. Cursivas para las voces de los otros. Es una historia de infancia, ¿de infancias? No se.
Tiene muertes, ausencias, flojeras, muchos chicos hechos al descuido.
Sobrenombres.

Avanzo en la descripción, no hay por qué hacer otra cosa, no hay que hacer otra cosa más que suprema subjetividad seria. Propia y no apropiada. Perdón por el juego.

En el libro hay cazadores, carne. También con algo de ´veda de carne´ termina. Seguro que él se entiende, yo sólo atisbo una historia por el modo. Por las palabras y sus tipos.

Desde antes quiero decir que huelo Zelarayán cerca, cuando llego a "fresca" no lo puedo detener. Dos veces ya leo "salinas".

El barrio se me acerca, es ya "Bajo Flores".

El libro de poemas cuenta una historia más o menos clara pero lleva adelante bien el hilo de las palabras que la detentan, quiero decir: hay historia de palabras que son relatos. La poesía narra acá. Se pone a
contar sin interrupción de versos. Y hay historia "mas allá": cinta punzó y el restaurador de las leyes.

También, por qué no, pienso en Damian Ríos, pero... Acá hay otras interrupciones. No se trata de la provincia, allá Entre Ríos, acá, Bs.As.

No se trata del pobrerío y los hospitales, allá y acá; allá la historia, el narrar es más seco, más corto, acortado, lacónico, acá hay mas literatura leída-traída. Entiéndase. Allá hay muerte terrible y acá más degüello y recuerdo pringoso, allá es triste obsesión, creo. Acá firmamento. Altura elegida. En ambos, tampoco no se trata del sentido (o si) sino de lo que ata, pero el trato es distinto. La forma, digo. En ambos hay padre fantasma y crecidas, se trata del río, lo que cambia para la rusa Tsvietáieva, porque el mar -para ella- es lo que se repite...
Pero me parece en estos campos de letras argentinos es al revés: Ata el río.
Riquelme pone algunos dos puntos al comienzo de los versos, me gusta.
Qué bueno es haber vivido, para la literatura, se sabe más. Haber vivido
para la vida: es la muerte. Distinto barro.

Las literaturas y los años dan palabras: socavón, la "pieza" que es el lugar que se habita allá.

Creo que el personaje va rebotando en la historia que cuenta: Cabeza de niño, Niño Tronco. Y un juez aparece y desaparece.

Laura Estrín.